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EL HOTEL, COMO DESTINO
La gama alta de la nueva hotelería española ha convertido a la mayoria de los nuevos establecimientos en destinos de lujo.
Destinos turisticos de ese otro turismo indiferente a todo lo que no sea participar de esa visión hedonista del viaje, en la que se sumergen millones de seres favorecidos por la fortuna. Existe hoy, mas avanzada que nunca, la tendencia de convertir el alojamiento en la parte esencial del viaje. Se reconoce así esa parte del recorrido dotada de los todos los elementos que el usuario ha ensartado en el sueño anticipado de salir de lo cotidiano para escapar a lo ilusorio a través de un itinerario por los más selectos palacios a precio, que forman los grandes tours para los millonarios del mundo.
Pudo que fuera en las Vegas donde sus avispados fundadores, acuciados por aumentar los resultados de los casinos, alargaran su negocio a través del fasto de grandes hoteles y un largo elenco de festejos, entre los que todo era posible encontrar y disfrutar.
Era hoteles copiados de los cruceros emblemáticos que, no sólo facilitan nuevos caminos al turismo, surcaban los mares de todo el mundo, con una clientela feliz que no se agotaba nunca de gozar de los placeres que se procuraban a bordo. El Hotel, así concebido, cuenta con las mismas prestaciones y servicios, para ser autosuficiente para colmar la inagotable saciedad de unas clientelas que no se encuentran satisfechas nunca por mucho que les cuesten estos dispendios.
Este tipo de felicidad que se vende en los hoteles de nueva generación, se encuentra dentro de cuanto da de sí el espíritu viajero del nuevo turista. Aquí se encuentra bien concentrado el confort conocido en la época; la gastronomía más exigente; la bodega de mayor calidad; el deporte, la fiesta, el casino y una concurrencia más o menos seleccionada por su nivel de consumo de todos los placeres humanos. De este modo, se programan a bordo viajes de incentivos, conferencias internacionales, concentraciones deportivas, congresos, perfomances de todo estilo... Todo esto lo inventó Hilton, que empezó trabajando sólo para los ricos norteamericanos, y llegó a ser, lo que son hoy: "Hoteles T.I.". Holiday Inn, la cadena que consagró el lema "The best surprise is not surprise" y la Novotel y otras empresas se interesaron en dar la impresión al viajero de encontrarse en un lugar familiar, con esa imagen sublimada de paraíso. Aunque de la intimidad en estos sitios, tan impersonales con frecuencia, se cuentan cosas estrambóticas, como la que recoge J. Hovell, en "The Perambulatión", publicado en "Der Spiegel", en 1979 en forma de diario de viaje, en donde habla de Santo Domingo de la Calzada, y se señala su óptima cocina, pero se le olvida citar a la gallina santa.
El Hotel, en la historia del turismo, tiene significación propia, pues se le ha atribuido su valor con más insistencia al continente que al contenido. Que la felicidad del viaje se encuentre precisamente en el hotel, cuya función primordial es el descanso y el sueño, es sólo una presunción que no tarda en desaparecer.
FAX PRESS.-
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