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IRAK , EL PRINCIPIO DEL FIN
Los iraquíes están de celebración aunque, de momento, es más
simbólica que real. Festejan que hoy su país es un poco más
soberano. Después de seis años de ocupación militar, las tropas
estadounidenses han comenzado a marcharse, incluso abandonaron el
emblemático Ministerio de Defensa, donde habían estado desde la
invasión ilegal de 2003. Se han replegado solo de las ciudades pero
para este país árabe es el principio del fin de uno de los
episodios más violentos y humillantes de su historia reciente, una
costosa y sangrienta 'liberación' liderada por el ex presidente
George W. Bush, un hombre al que los iraquíes despidieron a
zapatazos. El proceso de retirada, que se prolongará durante dos
años y medio, supondrá una prueba de fuego de para las autoridades
iraquíes, sobre todo, para su ejército y policía que ahora deberán
demostrar si están capacitados para hacer frente a las necesidades
de seguridad de un país todavía muy inestable pero que empieza a
tener un esqueleto de estado.
Unos 131.000 soldados de EEUU seguirán allí junto a
entrenadores y consejeros y se prevé que esta cifra no baje de los
128.000 hasta después de las próximas elecciones presidenciales en
enero de 2010. Esos efectivos estarán listos para actuar pero solo
si las fuerzas de seguridad iraquíes se lo solicitan, un matiz más
que importante para un pueblo que no ha dudado en declarar el 30 de
junio como Día de la Soberanía Nacional. Después, el plan acordado
entre Washington y Bagdad dice que las operaciones de combate
deberán concluir para septiembre de 2010 y que no debería quedar
ningún marine en Irak para el fin de 2011.
Sobre el futuro a partir de ahora no hay un único punto de
vista. Algunos expertos creen que el repliegue será una invitación a
actuar para los grupos de resistencia y para los terroristas ya que
las ciudades quedan, teóricamente, sumidas en una mayor debilidad.
De hecho los graves atentados de los últimos días que se han cobrado
recientemente 200 muertos y el que tuvo lugar hoy mismo, podrían
alentar estos argumentos. Otros analistas consideran, sin embargo,
que aunque esa será la intención de los radicales, los niveles de
violencia en el país no tienen nada que ver con los que había en
2006-2007 y aseguran que no se ha generado un vacío de seguridad.
En cualquiera de los casos, la mayoría comparte que la retirada era
algo imprescindible máxime cuando se ha demostrado la buena
actuación de las fuerzas de seguridad iraquíes. Pero todos
advierten de que el mayor riesgo no lo suponen los atentados
puntuales que pueda haber sino que la espiral de violencia sectaria
y venganzas vuelva a ponerse en marcha. Además, temen las
consecuencias de que EEUU haya ignorado el asunto de la
reconciliación nacional, todavía pendiente.
Ahora, los retos del gobierno iraquí son enormes. Debe progresar
en el desarrollo de la legislación sobre los recursos petrolíferos,
máxime cuando ya ha comenzado la subasta de concesiones a empresas y
hay temores de que multinacionales extranjeras se lleven demasiada
porción del pastel. Además, Bagdad tiene que ofrecer soluciones a
los conflictos territoriales, integrar de alguna forma a las
milicias que siguen con poder, como 'Los hijos de Irak', y hacer
frente a la excesiva fragmentación política que persiste en el país.
Pero, sobre todo, tiene que lograr que los iraquíes vivan mejor ya
que, pese a los avances realizados en salud, educación o servicios
básicos, el paro sigue siendo uno de los grandes problemas y su
calidad de vida no ha mejorado sustancialmente.
Si todo va bien tal vez se pueda considerar junio de 2009 como
el final de una guerra que nunca debió suceder y cuya falsa
victoria proclamó Bush sobre un portaviones cuando el conflicto no
había hecho más que comenzar. Pero es difícil encontrar verdaderos
ganadores de la contienda, salvo las empresas de petróleo, de armas
e Irán, un país que, sin comerlo ni beberlo, ha multiplicado su
influencia en la zona.
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