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MADOFF, 150 AÑOS DE CÁRCEL
Es probable que muy pronto veamos a Bernard Madoff con el mono
naranja que han popularizado muchos reclusos en Estados Unidos,
singularmente los recluidos en Guantánamo. El juez que lo condenó a
ciento cincuenta años de prisión recibió una nutrida salva de
aplausos del público asistente, tras divulgar la importante
sentencia. Es evidente que el hombre que ha protagonizado, que se
sepa, la mayor estafa financiera de la historia, no terminará de
cumplir esa pena, -le faltarán unos cuantos años de vida, con toda
certeza-, pero eso no le quita mérito al propósito del juez de
resultar ejemplarizante.
Pudo sorprender que Madoff esperara tantos años, hasta revelar
sus propios trucos y sus mentiras de décadas y décadas. De hecho,
cabe recordar que fueron sus hijos los primeros en alarmarse ante la
revelación paterna, y quienes la denunciaron . Muchos miles de
personas pueden hoy quejarse, con toda razón, de que este personaje
los dejó sin ahorros. Se fiaron de él, y les costó una factura
insoportable.
Todo es excesivo en este caso: los años del fraude, la buena fe
de los timados, los 46.000 millones de euros defraudados, o que su
familia fuera la primera en verse sorprendida por la confesión del
personaje "del mono naranja", que con toda probabilidad, pasará
entre rejas el resto de su vida, y dejando -como él mismo dijo- un
legado de verguenza a su familia. "Viviré con ello, con este
tormento continuo, toda mi vida", añadió.
Pero a sus víctimas les habrá consolado muy escasamente. ¿Por
qué no funcionaron los controles, las instancias financieras que
tratan de que los mercados sean transparentes, pero sobre todo, que
sean honrados y "éticos"? Madoff, todavía sentado en el banquillo de
acusados, y ya condenado, hubo de escuchar un grito pavoroso: "Que
tu celda sea tu ataúd. Los gritos y los insultos de sus víctimas
serán uno de sus recuerdos más vivos, antes de verse encerrado en
prisión. Nos hallamos, nada menos, que ante la mayor estafa
piramidal de la historia. Que se sepa, que hayamos podido saber, y
siempre ante el temor de que ese récords lo pueda romper otro
"grandísimo pillo". Apenas consigue nuestra compasión el financiero
americano cuando asegura que vive en un tormento continuo por haber
causado tanto dolor, condensable, tal vez, en los 46.000 millones de
euros "dilapidados". "He dejado un legado de verguenza para mi
familia" , ha reconocido el propio tramposo. Y ahora, este
grandísimo truhán, pasará "de los trajes a medida al mono
naranja"...
FAX PRESS.-
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